Trabajar o cuidar a un dependiente, esa es la cuestión

Más de dos años después de que mi madre enfermara, a mi padre se le acaba el paro. Este mes es el último que recibe algo más de 350 euros de ayuda. Un dinero ínfimo para vivir pero que es mejor que nada. Y nos hace falta. La respuesta que nos dan desde el Inaem para no renovarle más la ayuda es que mi madre tiene una pensión lo suficientemente alta para que vivan los dos. Y si mi madre estuviese bien, sería verdad. Pero las cuentas no salen.

Más de 100 euros al mes de farmacia, 600 de centro de día, en torno a 800 de terapias (fisioterapia, terapia ocupacional y logopedia) y 500 del alquiler de un piso relativamente accesible para poder movernos con la silla de ruedas. Todo eso sin contar las facturas de luz, de calefacción, ropa, cremas y otros muchos gastos. Después de este listado… ¿cómo va a vivir mi padre de la pensión? Igual es que se puede vivir del aire y yo no me he enterado.

Mi madre va a un centro de día de 9.30 a 17.00 horas. Pero eso no significa que sea fácil para mi padre, con 53 años, encontrar un empleo que le permita trabajar, por ejemplo, de 10.00 a 14.00. Este verano mi madre estuvo varios días mala y no fue al centro de día durante más de una semana. ¿Qué tendría que haber hecho mi padre si trabajase? ¿Dejarla sola en casa? Dentro de poco tiene que llevarla al hospital para una revisión por lo que esa mañana tampoco podría trabajar. Y también tendría que pedir permiso un par de veces al mes para ir al médico a por recetas. Demasiadas (e ineludibles) necesidades.

Las administraciones, que son las que nos tendrían que ayudar, se lavan las manos. Lo que tampoco es ninguna sorpresa. Pero, ¿qué hacemos? ¿Dejamos de atender a mi madre? ¿Dejamos de llevarla al centro de día para que mi padre no pueda descansar? ¿Le quitamos terapias? O mejor, le decimos al juez que no queremos ser sus tutores legales porque no la podemos atender y que la manden vete a tú a saber a dónde. Tiene cojones, con perdón, lo fácil que es para las administraciones decir que por Ley no tienen obligación de ayudarte. Pero claro, tampoco nos quejemos más de la cuenta no sea que nos quiten o reduzcan la pensión de mi madre, que tampoco sería de extrañar tal y como están las cosas.

Mi padre está trabajando 24 horas al día cuidando a mi madre. Descansa mientras ella está en el centro de día. Aunque claro, la lógica de las administraciones que a esas horas debería estar trabajando.

Yo creo que lo que tenían que hacer desde la Junta de Castilla y León y desde el Gobierno de España es trabajar de forma transversal y de verdad atender a las familias que sufren lo que estamos sufriendo nosotros (que son muchas), ya sea responsabilidad de Servicios Sociales, de Dependencia, del Inaem o de quien sea.

Y si no, que ingresen a mi madre en un centro adecuado con un “todo incluido” para que esté bien atendida y para que a mi padre le resulte más fácil buscar una posibilidad laboral y, si la encuentra, que pueda trabajar tranquilo. Un “todo incluido”, eso sí, que no nos cueste 5.000 euros al mes como nos han llegado a pedir en el Centro Hospitalario Benito Menni o más de 2.000 como nos piden en cualquier residencia de ancianos si a la estancia le sumas las terapias que necesita mi madre. La última opción, quizás la mejor, sea que mi padre tenga un sueldo del Estado como cuidador porque su jornada laboral es de 16 horas al día, cuando no de 24. Hay quien nos ha contado que hace años esta opción era realidad, para nosotros hoy en día es una utopía.

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